Cepas: Cabernet Franc
Historia
Se cree que la Cabernet Franc tiene origen en la zona de Burdeos, en el sudoeste francés. Se estableció en la región este de Burdeos, específicamente en Le Libournais, donde todas las AOCs (Apelaciones de Origen Controladas) tienen a la variedad como parte de sus cortes (incluyendo la famosa Pomerol). Normalmente es utilizada para cortes con Cabernet Sauvignon y/o Merlot.
El Cardenal Richelieu, en el siglo XVII, la transportó al Valle de Loira. Fueron plantados en la abadía de Bourgueil, bajo los cuidados de un abad llamado Bretón, cuyo nombre se asoció a la uva. En el siglo XVIII, se encontraron plantaciones de Cabernet Franc en Fronsac, Pomerol y Saint-Émilion destinadas a la producción de vino de buena calidad. La uva Cabernet Franc les ha dado fama por ser una vid con carácter que produce unos vinos jóvenes (ligeros y afrutados), pero también excelente vinos de guarda. En Argentina, se adaptó de manera excepcional a los viñedos de altura (a más de 900 msnm) y al clima seco de la provincia de Mendoza, al oeste. Comenzó a ser plantada en el país en los años noventa para darle fuerza a los vinos de corte, sin imaginar que se convertiría en un varietal en sí mismo. Si bien la superficie plantada con Cabernet Franc es mínima en relación a otras tintas, la variedad sobresale ampliamente por su calidad. (Superficie plantada de Cabernet Franc en Argentina, por provincia a diciembre de 2019 - Wines of Argentina)
Alrededor del año 1997, por medio de estudios de ADN, se arrojaron resultados (quizá sospechados) acerca del parentesco entre esta cepa y la Cabernet Sauvignon. Resulta que esta última resultó ser hija de un entrecruzamiento natural estimado en el siglo XVII, obviamente en Francia. Pero la Cabernet Sauvignon no es hija única, sino que la Cabernet Franc, por medio de otros cruces, originó a la Merlot y a la Carménère, formando así la familia de uvas con un perfil más piracínico.
Características
Los vinos producidos con esta cepa suelen tener intensidades medias o más marcadas con colores que van desde los rojos rubí hasta los púrpuras.
Entre sus aromas pueden percibirse frutas rojas, pimientos y mermeladas, junto con un peculiar toque herbáceo, menta, pimienta, café, ciruelas, violetas, clavo de olor, algunas notas minerales como la ceniza. Le va muy bien el paso por la barrica y le puede aportar aromas tostados, cuero, tabaco y vainilla.
En boca, posee fina textura. Es aterciopelado en boca, con notas de pimienta y especias. De acidez, cuerpo y astringencia media. Algo secante y medianamente persistente.
Generalmente son vinos muy elegantes y cuando se corta con otra variedad de más carácter (como la Cabernet Sauvignon o Merlot) otorgan cierta estructura y complejidad que terminan enamorando al consumidor.
Varios enólogos coinciden en que tiene un gran futuro en la mundo vitivinícola argentino. En primer lugar porque es transparente al terroir, es decir, que dependiendo del lugar de donde provengan las uvas, se podrán lograr diferentes expresiones. Y en segundo término, porque es muy vibrante, con buen carácter, lo que hacer vinos para disfrutarlos en el año o bien, lograr excelentes vinos aptos para la guarda y se amalgama excelentemente con otras cepas, pudiendo obtener cortes magníficos.
¡Te esperamos en nuestro instagram @benditoterroir para seguir hablando de vinos!


Comentarios
Publicar un comentario