Cepas: Chardonnay


Historia

La uva Chardonnay es originaria de la Borgoña francesa. Según estudios, es una cruza entre la Pinot Noir y la Gouais Blanc, esta última, ya desaparecida. Se cree que ha sido introducida a Francia por los cruzados desde Palestina. Su nombre deriva del hebreo "Sha’har-adonay," que significa “Puerta de Dios” en referencia a la ciudad santa de Jerusalén.
Es la variedad blanca más difundida, plantada en todo el mundo, tanto en el viejo como en el nuevo. Desde su hogar, Francia, pasando por España, Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Australia, Chile, hasta llegar a Argentina con casi 6.000 hectáreas plantadas desde Salta hasta Chubut. Es una gran puerta al mercado para todas las bodegas por la plasticidad en estilos y la transparencia que tiene para expresar su lugar y sus intenciones gracias a su adaptabilidad a diferentes lugares y climas. 
La mayoría de los grandísimos espumantes de la Champagne están producidos con esta cepa, además de la Pinot Noir y la Pinot Meunier. Y esta cepa está muy presente en la gran mayoría de los espumantes alrededor del mundo.

Características

Los vinos producidos a partir de esta cepa tienen colores que van desde los pajizos pálidos hasta los amarillos dorados bien intensos. Dependiendo del lugar de procedencia de las uvas puede tener un perfil aromático más frutado o mineral. Entre los aromas que pueden aparecer y son característicos de esta variedad son manzana, durazno, cítricos como lima, limón y pomelo, pera, tropicales como ananá, banana, melón y mango, acacia, especias, caramelo y miel. Aceptan muy bien la barrica, y muchos vinos son fermentados en ellas. Estos vinos logran una textura más cremosa y puede adquirir aromas a vainilla, coco, tostados y anís. Si se procede a continuar la fermentación maloláctica, el vino desarrolla aromas a crema, manteca e incluso nueces. En boca, suele ser largo con una acidez equilibrada. Es de paladar franco y se le pueden sumar sabores a dulce de leche, cera y minerales.
Como se mencionó antes, con la Chardonnay se pueden lograr diferentes estilos de vino. Pueden ser frescos, livianos y lineales, o más voluminosos y redondos. Lo que permite un sinfín de ocasiones para elegir esta variedad para consumo. Los vinos jóvenes y frutales son ideales como aperitivos por su marcada acidez. Son fáciles de beber y para un público más amplio. En cambio, los Chardonnay con paso por roble, son vinos con una textura cremosa, con buen cuerpo, volumen y estructura y una acidez más balanceada. Los más ligeros son ideales, por ejemplo, para pastas con crema, sushi, ensaladas, pollo y pescados grillados. Los más corpulentos, soportan intensidades más marcadas, como pescados un poco más grasos, paellas, vegetales asados, cerdo, hasta chorizos y mollejas a la parrilla como entrada.

Algunos vinos donde está presente este cepaje: Click aquí


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